viernes, 27 de junio de 2008

Preguntas Estúpidas

Nunca me enseñaron a medir los corazones. Ni los corazones, ni la emoción, ni los sueños, ni las ganas, ni el deseo. Lo siento, no sé medir lo mucho que me importas. No puedo decirte si me importas cincuenta y seis, ciento veinte, tres mil, trece o infinito. Y mira que así, si todo se reduciera a simples cifras, la vida sería mucho más sencilla. Pero soy incapaz. Soy incapaz y, además, me niego a ponerle números y unidades a cosas tan sublimes como estas. Como la ilusión, la esperanza, la tristeza o la simplicidad de tu sonrisas... Creo que no se merecen ser contadas. No se puede contar la profundidad de unos ojos, ni la soledad, ni la añoranza acumulada en los abrazos, ni el escozor de los rasguños. ¿O acaso sí? No, no. Es imposible. Hacerlo sería caer en el hoyo de la superficialidad...

Este tipo de cosas no se calculan con ínfimas cifras. Se miden según se demuestran. Por eso no utilizaré ni números ni adverbios para expresarte lo que siento. Me limitaré a mirarte y a dejarme mirar. Me desnudaré los ojos, y la voz, y los sentidos. Las palabras y los sueños. Te abrazaré y te contaré que sonrío como una imbécil cuando te pienso. Que me das la mano y al mundo se le lastran las alas con el peso de la envidia. ¿Sabes lo que eres capaz de hacer con una simple mirada? Me deshaces. Y robo pedacitos de ti cuando te tengo a escasos centímetros de mi cuerpo. Suspiros y pestañas, para no echarte de menos. Respiro tu aire, ¿no te has dado cuenta? Te respiro. Y te sonrío. Y te espero. Y te pienso, te abrazo, te beso, te bailo, te escribo, te sueño, te busco, te miro. Podría haberme pasado la noche entera mirándote. La noche y los días. Podría mirarte horas y horas seguidas, sin parpadear. Sin decir palabra, porque contigo tengo la sensación de que no pesan los silencios. Ni los silencios, ni nada.

Pero oye, que si no basta con esto, si no te lo sé demostrar... Puedo ponerme a sumar sonrisas. A contar latidos, a restar tristezas, a multiplicar deseos. Hasta podría dividir el miedo y la ansiedad. Quizás entonces podría hacer un estudio estadístico con los resultados obtenidos y decirte exactamente en tanto por ciento lo que me importas. Decirte las horas que invertiré en echarte de menos cuando no estés, lo solo que me sentiré y los instantes en que pasarás totalmente inadvertida. Que sí, que así todo estaría más claro y sería mucho más sencillo. Lo puedo intentar, si quieres, pero ya he dicho antes que nunca he sabido medir este tipo de cosas... Más bien considero que carecen de exactitud, que son imprecisas, incontables, inefables. Debe de ser que nunca he creído demasiado en la estadística, en las matemáticas, en los números en general.

Simplemente perfecto

martes, 20 de mayo de 2008

Casos de casas

Ayer volví a darme cuenta de que todavía tengo tus latidos en la mano. Supongo que esas cosas no se tiran, ni siquiera se reciclan. Se quedan ahí, acomodadas en algún que otro rincón de la memoria de los sentidos, coleccionando polvo y sumando olvido. Permanecen, quietas, desgastándose con la carcoma del participio, hasta que el tiempo las reduce a un vano vacío y las desintegra.

Joder, qué rabia. Eres como el yogur que se queda arrinconado en la última estantería de la nevera. Ignorado y caducado. Un pretérito imperfecto que sigue entrelazándose con mis dedos. Lates, débil, muy débil, aunque la mayoría del tiempo sea inconsciente de (man)tenerte aún en mí. Sólo a veces, cuando a la luna le da por soplar y hacerte cosquillas, me doy cuenta de que tu latir sigue respirando entre las grietas de mi mano.

Como anoche, que al sueño le dio por retrasarse y al insomnio por subir a la azotea de los recuerdos. No podía dormir y me dio por vaguear entre retratos de color sepia y sensaciones disecadas. Me entretuve mucho rato con otras historias y otros disfraces menos carcomidos que tú, pero al final llegué a toparme con la caja vieja de cartón donde encerré el puñado de ti que olvidaste recoger cuando te fuiste. Retahílas de estrellas, pedacitos de alas y ese montón de carretes de sueños que nunca llegamos a revelar. Hacía tanto tiempo que no me tropezaba contigo…

¿Crees en las casualidades? Esta mañana me he encontrado un correo tuyo en la cuenta vieja de hotmail, la que a penas uso. Mientras intentaba dormir estuve sope(n)sando la idea de soplarle cuatro o cinco palabras a tu buzón. Siempre he pensado que sentiste algo más, que no te alejaste sólo por la tristeza. Me dormí sin decidirlo, y hoy te leo en vez de escribirte. Lates, otra vez. Las letras apuntalan tus latidos y vuelve ese incesante bumbum, bumbum, bumbum. Se me encoge la mano, se me estremece. Porque lo pusiste tú ahí, el corazón, ¿te acuerdas? Me lo ataste a los nudillos, distrayéndome con la mirada, y luego te diste la vuelta y empezaste a caminar. Lejos, cada vez más lejos. Sin darte la vuelta. Quedándome atrás.

Me asusta llevarme tan mal con los verbos en pasado. Y verte aún aquí, en mí. Me asusta y me asustas, porque contigo nunca he sabido reaccionar. No sé caminar recto si te pienso. Se me tuercen los pasos y dibujo eses con los pies. Qué ridículo, tropezarse con un simple yogur...

lunes, 25 de febrero de 2008

NAVEGANTES


La Ternura del Alacrán



EL ORIGEN DE TODO

martes, 29 de enero de 2008

Bufonadas

Os invito a que esta semana os dediqueis a inventar complejos (tal el de Edipo), con su nombre y su explicación. Yo os propongo el "complejo de Hamlet", y os ofrezco algunas versiones.

Goethe consideró al personaje de Shakespeare un esteta extremo, tan intelectualizado que se sentía incapaz de realizar acción alguna. Ciertamente, uno lee esa tragedia y se harta de tanta proclama y tanto soliloquio y tanta demora del personaje en hacer lo que tiene que hacer.

Freud no está de acuerdo. Hamlet hace muchas cosas: mata a Polonio, engaña a Claudio y envía a la muerte a Rosencrantz y Guildenstern. Sólo hay una cosa que no hace: vengarse del villano que mató a su padre y se encamó con su madre. Explicación psicoanalítica: Hamlet sabe inconscientemente que también él quería matar a su padre y que también quería reemplazarle en el lecho conyugal, que era lo que Claudio había hecho, y en consecuencia su íntimo enemigo encarnaba en realidad los secretos deseos de Hamlet.
Y ahora viene Younger, uno de los 'protas' de 'La interpretación del asesinato', con lo siguiente: "Lo que más irrita a Hamlet es el fingimiento de la pena, el 'parecer', el vestir de negro de la gente que no puede esperar a festejar los banquetes por el matrimonio y a retozar en la cama como animales. Hamlet no quiere ser parte de ese mundo. Él no fingirá. Se niega a 'parecer'. Él es.Se entera entonces de la muerte de su padre. Jura venganza. Pero a partir de ese momento entra en el mundo del parecer. Su primer paso es 'adoptar un talante bufonesco', para que 'parezca' que se ha vuelto loco. Luego, alecciona a los actores sobre cómo fingir de forma convincente.

Para Hamlet, 'ser o no ser' no es 'ser o no existir'. Es 'ser o parecer' . Ésa es la decisión que ha de tomar. Parecer es actuar: fingir, representar un papel. He ahí la solución a todo 'Hamlet'. No ser es parecer, y parecer es interpretar. 'Ser', por lo tanto, es no interpretar. De ahí su parálisis. Hamlet está decidido a no parecer, y eso significa no actuar en absoluto. Si sigue fiel a su decisión, si 'es', no puede actuar. Pero si decide vengar a su padre, debe actuar: debe decidir parecer en lugar de ser.".

viernes, 25 de enero de 2008

The Ripper

A los que dicen que Meredith Grey, el personaje de Ellen Pompeo (qué "maravilla" de nombre, digno de una reina de la mafia) en 'Anatomía de Grey' es la tía más insoportable de las series yo les digo que no, que al menos hay dos a la altura: la patética roedora Carrie Bradshaw (Sarah Jessica P.) de 'Sexo en Nueva York' y, fundamentalmente, Ally McBeal o, lo que es lo mismo, Calista Flockhart. Las tres jamás podrán salir de estos personajes, que son más ellas que ellas mismas, y se lo merecen. Por plastas.
Un aplauso para quien eligiese a Calista para interpretar a la neurótica Ally McBeal. Su pinta de muñeca alienígena, con ese cabezón, esa boca de buzón y esos pelánganos, es perfecta para encarnar a la confusa Ally, la abogada patosa que cuando quiere ser cínica es ridícula, cuando quiere ser graciosa es ridícula y cuando quiere ser sexy... en fin, adivinad la respuesta. Aunque su reinado en la serie era absoluto (para empezar, el título coincidía con el nombre de su personaje), poco a poco fue oscurecida por el resto del plantel femenino, sobre todo por tres entonces casi desconocidas actrices y hoy estrellas por mérito propio: Portia de Rossi, Jane Krakowski y Lucy Liu. Ahora, mientras Calista pasa casi desapercibida (mejor así) en la correcta 'Cinco Hermanos', las otras tres brillan de verdad en distintas series. Portia, grande, sanota y cada vez más sexy, es la siniestramente perfecta Olivia de Nip/Tuck, Krakowski, muñecota de cara complicada e innegable vis cómica, es parte del reparto de la fantástica '30 Rock' y Lucy Liu, tras unos cuantos titubeos profesionales (caso clásico de estrella que espera demasiado el papel perfecto y termina quedándose casi obsoleta), es la jefa de la recién estrenada 'Cashmere Mafia'.

Caso similar se da con la "Pompeo", omnipresente en toda la trama de la serie que llega a hastiar, al menos así ha conseguido que le den una serie propia a la doctora Addison Montgomery, o lo que es lo mismo, Kate Walsh. Una mujer muy atractiva( sino que se lo digan a Meredith y a sus amiguitos), representante de las nuevas cuarentonas, capaces de competir en físico con las veinteañeras y superarlas en experiencia, conocimientos y, generalmente, ingresos. Es el único consuelo que me produce esta serie.

Mientras New York, con su "sexo" no se quitará nunca ese sambenito de ciudad frivola, con mujeres aún más frivolas y neuróticas (no hay que olvidar la aportación de friends a esta etiqueta), que te supone al visitar la ciudad una decepción casi comparable a ver un capitulo de la serie. La Parker no deja de ser tanto dentro como fuera de la serie el capricho de una actriz con aspiraciones de diva y acceso preferente a las reuniones de producción, un antojo que se traduce en una serie más de solteras neoyorkinas que, entre emotivas (y cursis) historietas laborales, se aman, pelean e invitan a cafés en vaso de plástico. A la "Parker", por cierto, le gusta con sacarina, leche de soja biológica y servida en copa de cristal de roca sobre una bandeja de oro con incrustaciones de lapislázuli (sin comentarios).

lunes, 14 de enero de 2008

In Nomine Ipso Recreor

Notas enredadas entre las manos. Cinco hilos de silencio esbozan el pentagrama con tinta negra. Una clave de sol escasa de luz se abraza a las líneas. Sin armadura alguna, la lluvia salpica las teclas del piano y la música empieza a sonar al ritmo de los suspiros de las nubes.

Cuatro sonidos tímidos se desprenden suavemente de la yema de los dedos, soplando escalofríos en la nuca del Silencio. Susurros en si bemol enzarzados en las cuerdas vocales de la garganta del instrumento. De repente, una luna con sombrero sobre el papel sembrado de paralelas.

El primer do asomando su mirada en el vacío de la partitura. Pronto lo acompañan tres puntitos más, redondos, perfectos. Tras ellos, la silueta de un gato negro, quieto, entre las dos primeras rayas de este pentagrama de agua. Fluyen las manos al igual que la lluvia y se escriben las notas a medida que van sonando las teclas.

Más desahogadas ya, como la tormenta de afuera. Corren sobre la autopista de cinco carriles sin límite de velocidad, esquivando las señales de este lenguaje universal apto para todos los públicos, guiadas por algún extraño sentido que escapa de lo estrictamente racional, nada de leyes convencionales. Compases de cadencias asonantes, un trueno y tres corcheras tambaleándose en el borde izquierdo de un fa sostenido. Media síncopa y se dejan caer al mi natural, sin alteraciones. El chasquido metálico de las gotas contra la barandilla de la terraza se trenza con los armónicos azules de cada negra con punto.

Secretos escritos sin palabras se esparcen en el interior de la caja de resonancia. Un soplido de viento de invierno se cuela por la grieta mal apañada del marco de la ventana. Titubean los dedos en el aire y el acorde al que pretendían aterrizar se convierte en arpegio sin aviso previo. Sin embargo, encaja en el hueco perfecto de este compás. Es curioso como tejen armonía las notas dentro de este completo caos de sentimientos.

Dos manos bailando sobre un teclado, y tiempo y música sincronizándose a la sombra de esta extraña melodía. A veces los teclados de letras no sirven para explicar según qué sensaciones. La de tener ganas de llorar, por ejemplo, y sentir que te mojas sin soltar una lágrima. Sigue lloviendo tras los cristales mojados. Disminuye el ritmo, suspiran los dedos. Un escaso segundo dilatado para respirar. Los músculos del brazo se relajan, respiran, también.

Y en los cinco hilos de aquel silencio empiezan a dibujarse unas escaleras de fusas entrelazadas. Tempo rubato, crescendo al mismo tiempo que crece la velocidad. Re, mi bemol, fa, giro rápido pero discreto de muñeca, sol, la, si, do, giro de nuevo y vuelta a empezar. Peldaños en sol menor, en si mayor, en do sostenido, en cualquier tono. Una octava, media más, y el timbre de aquel la de ahí arriba retumbando bajo el tacto del dedo índice. El cielo enfundado en su traje gris y la luna llena que aparece de nuevo, con su vestido de seda, subida en el raíl más alto del pentagrama. La voz de los sonidos empieza a resentirse. Su eco se desvanece en el aire después de convertirse en líquido.

Retahílas de silencios acompasados con los latidos de la tormenta disfrazan la afonía de las teclas más cansadas. Pero siguen sonando, despacio ahora. El metrónomo de agua también ha contraído sus pulsaciones… Retazos de arpegios y acordes a medio acabar, no por eso más imperfectos. Las semifusas se convierten en corcheras, las semicorcheras en blancas, las negras en redondas… Celeste para acallar las notas más estridentes, segundo pedal. Un trino a penas sin fuerzas, débil pero veloz. Los dedos ágiles, ligeros. Retardando, por eso. Y disminuyendo, cada vez más.

Los últimos armónicos resuenan en las paredes de la habitación del piano, se descosen de los dedos, se escapan, se pierden en el aire, se escurren por aquella grieta mal apañada del marco de la ventana, y se diluyen con la lluvia. Que cae sin cesar.

lunes, 7 de enero de 2008

La Ternura del Alacrán

Cuando notes que te falta el aire, cuando pienses que nada tiene sentido, cuando ninguna pieza del puzzle encaje y cada segundo se convierta en un cristal roto que se clava en tu piel, recuerda que estoy, que nunca me he ido. Sigo en tu cama, abrazándote con todo mi cuerpo, metamorfoseándome en un manto que te envuelve, sin dejar un resquicio de ti vulnerable al frío.

A cada paso, por más que te cueste darlo, acompaño a tu sombra, incluso cuando ésta ha huido. No te dejo ni un instante. Soy la voz del viento, soy cada rayo de sol que te toca, cada gota de lluvia que salpica, soy la sangre que te recorre las venas, y estoy en cada cosa que miras.

Estoy dentro de ti, y somos una sola alma que avanza con paso firme, haciendo frente a las inclemencias de un corazón que va más rápido que el tiempo. Te dibujo con mis besos la forma de mi alma en tu piel, para que puedas rozarla con las yemas de tus dedos y me sientas en ti.

Dejé mi sabor recorriendo cada uno de tus suspiros, y cuando hablas, tus palabras me llevan, porque tú ya me llevas contigo.

Sólo tienes que recordar respirar para tenerme a tu lado. Porque aquí, yo a tu lado y tu al mío, es como vivimos. Nada ni nadie consigue separarnos. Ni las alegrías ni las tristezas las vivimos sin nuestra mirada. Y sólo tengo que abrir y cerrar los ojos para verte antes y después de cada parpadeo. Porque dormida y también despierta te sueño y me acerco despacio para cogerte la mano y acompañarte en cada segundo de vida.

Aguanta, que a una palabra tuya yo te secuestro y te llevo a mi lugar favorito del universo. Sólo tienes que decir mi nombre y te llevaré a ese barco varado que pondrá rumbo a nuestros deseos. Y echará el ancla en una playa desierta, donde me tumbaré a tu lado y te hablaré sin romper el silencio. Aguanta, que todo pasa menos el sentimiento que nos une, para el que aún no se ha inventado nombre.

Te recitaré con voz suave los versos más bellos mientras te acaricio y poco a poco te duermo. Calma, mi vida, calma. Aguanta, que ya pasa. Agárrame más fuerte la mano, abrázame con más intensidad, aprieta los labios como si me tuvieras entre ellos, clava los pies firmes en la tierra y recuerda…no tengas miedo, vayas a donde vayas, yo voy contigo.

viernes, 4 de enero de 2008

Patente de Corso

"Permitidme tutearos, imbéciles

Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno.

Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera.

No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía.


De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.


De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.


Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia.

Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña.

Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico».

O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.

Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos».

Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p'alante.

Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet.

La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.

Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado."

Aunque no me gusta como acaba los libros, he de reconocer que se nota los años que pasó siendo periodista, pagase o no, porque pegaran tiros mientras conectaba en antena. Pensemos un poco más...para variar.

martes, 23 de octubre de 2007

La Ternura del Alacrán

Varios encuentros furtivos más se sucedieron y entre ellos besos, caricias y miradas. De nuevo se enredaron nuestros cuerpos y poco a poco, sin darnos cuenta, aún más y más nuestras almas.

Caminábamos juntos, dados de la mano, un solo compás, un solo camino, el que nos marcó el destino cuando por sorpresa apareció en mi cama, cuando por sorpresa abrimos los ojos ante un amanecer distinto a cualquier otro.

El ansia crecía y yo notaba que con ella mi corazón y mi deseo. Nos preguntábamos en silencio qué era lo que estaba pasando y en el fondo de una copa, ella pareció encontrar la respuesta.

-Creo que esto ha sido una historia de amor desde el principio-

Mi perplejidad no pudo ser mayor, por la sencillez de sus palabras, por la grandeza de lo que significaban. Ciento ochenta noches pasaron, con sus lunas. Un crucero y una cita en el Sena. Una mano que la guió a mi cama y que yo seguí hipnotizado. La marea traía resaca y entre la fuerza de las embestidas yo le susurré al oído: “A ti y a mi nos llevan olas sin leyes”.

Después de tantos besos, era de nuevo como si fuera el primero y sentí la timidez de desnudar mi cuerpo, porque ya no eran ojos anónimos los que me miraban, sino mis propios ojos reflejados en los suyos, porque ya no éramos desconocidos, ni solo amantes, porque yo le había abierto puertas a mis entrañas que para todos permanecen cerradas.

Me pidió que la desnudara, aunque mis manos ya rozaban el mar de sus secretos. Entonces sentí un enorme respeto. Dejó de ser sexo, si alguna vez fue solo eso. A media luz, a media voz, la fuerza nos invadió y nos dejamos caer uno sobre otro. Torrente de pasión que no se sacia. Aire que mana de una boca a otra y manos que avanzan imparables por dos cuerpos que no se agotan.

La hice mía y me dejé caer sobre su piel, indefensa. La herí los labios de tanto besarla y se hirió mi corazón de tanto amarla. No hay despedidas más tristes que las que nosotros dos tenemos, porque nunca sabemos si volveremos a vernos, aunque no dejemos de buscarnos, porque hay cosas que se quedan siempre en la esfera de los “pretendos”. Siempre existe el temor, el nunca es una palabra que a los dos nos da miedo. Y aunque siempre tengo espacio en mi cuerpo, no siempre existe el tiempo.
--Yo te quiero a ti – continuó diciendo mientras mis ojos aún no estaban ni abiertos.

lunes, 15 de octubre de 2007

Re-(n)-diciones

Es irónico que en un juzgado de Madrid, ignoro cuál, decenas y decenas de cartas de amor escritas por mi mano con pulso infantil, duermen un sueño que no llegó a su climax. . .es decir, el punto en el cual. . .(esperad que consulte el diccionario, que ya no me acuerdo; es que esto es como los idiomas, si no los practicas se te olvidan). Aquí está: CLIMAX, punto culminante de una gradación o proceso.

Dicho así normal que se cabreara conmigo y me mandara a la mierda.Fue un acto poético, o al menos trató de serlo. Quien quiera saber en qué consiste eso que lea a Jodorowsky.

Fue en enero cuando di por segunda vez con mis huesos en la cárcel puesto que ya había superado la mayoría de edad, con la cifra de veintiún primaveras o, en mi caso, otoños.Tenía novia o mejor dicho, acababa de tenerla, porque ya -tras dos años de relaciones- nos habíamos dejado, pero todo volvió a empezar a raíz de mi encarcelamiento.

Allí separados por dos frentes de barrotes y por noventa centímetros de aire, intentábamos descifrar lo que nos decíamos a grito pelado para apagar o sobrepasar así el tremendo y no menos pelado griterío de los demás reclusos, y de sus respectivos deudos, que también, que diablos tenían su corazoncito.

Llegaba -mi novia- una y otra vez envuelta en lágrimas, acusándome de no quererla y reprochándome lo que era para todos evidente: que si yo volvía a darle cancha no era tanto por amor cuanto porque estaba en el lugar en el que estaba y me agarraba a un clavo ardiendo para salir, con la imaginación, de ella.

Evidente,sí, para todos, pero no para mi persona. Yo me negaba a admitirlo, y argüía, y reargüía, que no, que la quería de verdad, que estaba profundamente enamorado, que bebía los vientos por ella y ... Ya se sabe, lo de siempre, pues no hay e el amor palabras que a estas alturas de la historia universal sean originales.

Era el amor perfecto, cristalino y cristalizado, stendhaliano, tal y como lo había descrito Ortega en sus célebres estudios. No había por tanto, posibilidad de roces, de riñas, de desentendimientos. Las miserias de la vida cotidiana no podían alcanzarnos. Aéreos, sutiles, impalpables vivíamos permanentemente arropados por nuestros sueños.

Mi novia, sin embargo, seguía viniendo envuelta en lágrimas, y yo un buen día, queriendo consolarla, seguro de amarla y decidido a convencerla de ese amor, le dije que la quería, que la quería tanto que estaba dispuesto a casarme con ella. Nunca lo hubiese hecho, pero me cogió la palabra al vuelo, en su literalidad y no en su intención metafórica. En un momento de exaltación ebrio de romanticismo, eso es lo que me sucedió a mí. Y a ella.

Hubo, en el ínterin, y antes y después de la parida nupcial un copioso anecdotario, pero no me quedan ganas. Dejémoslo para otras páginas.Tal vez, no todo fuera así, quizá de seguir su curso las cosas hoy estaría escribiendo estas líneas al más propio estilo de comedia romántica de Tom Hanks y Meg Ryan. Tal vez hoy estaríadedicando mi tiempo a mi hijo. Y a su madre.

martes, 2 de octubre de 2007

La Ternura del Alacrán

El deseo es algo irracional, un impulso sin sentido pero que marca en muchas ocasiones el rumbo de nuestra vida.Es la diferencia entre sentirte querido y amado, es la chispa en la mirada de tu pareja al otro lado de las velas, no es simplemente querer tocarte, es la necesidad que tiene mi piel de la tuya, es no quedarme con un te quiero de mis labios cuando te lo puedo gritar con todo mi cuerpo.

Es necesitar besar tu cuerpo para saborear el mundo, al menos el mundo que quiero, es convertir nuestra cama en ese mundo soñado.

Es confesar mi amor sin palabras, es llamar sin lágrimas, es hablar sin sonidos.Es estar a cinco milímetros de ti y sentir que nos separa un mundo, es estar pegado a ti y necesitar estar dentro de tí para estar más unidos.

Es tocar con los dedos y sentir con el alma, es besar con los labios y saborear el cielo...Es levantarte pensando cuanto falta para el próximo beso, es mirarte y odiar a la gente que nos rodea.Es necesitarte sin tenerte.

La ausencia de deseo es el que te toquen sin tocarte,
es un te quiero como punto seguido sin párrafo de después,es el hielo de un abrazo,
es una cama enfriada por nuestros cuerpos,
es un café sin azúcar
es un contigo pero sin ti
es un amante amargo
es el después sin el antes
es la resaca de los martes después de la pereza de los domingos
es tocarte sin sentirte
es besarte solo con los labios

lunes, 24 de septiembre de 2007

Divagaciones


Camino por las calles. Acaba de amanecer y las farolas aún están encendidas. Hace frío, aunque aún conservo en mi piel el calor y el olor de ella. Llego a casa y casi a tientas subo las escaleras. Me meto en el cuarto de baño y comienzo a quitarme la ropa, que después de la libertad de la desnudez y las sábanas, sentía como barrotes de una celda. A pesar de mi timidez nunca he tenido reparo en desnudarme ante ojos extraños. Siempre que he sentido en ellos un destello de deseo, mi cuerpo ha ido moviéndose al compás de su mirada. Ahora me desnudo solo, con mis ojos como únicos testigos del espectáculo.

La ropa empieza a caer al suelo, y mientras cae deja el rastro de un aroma que ya siento mío. Abro los grifos de la bañera, necesito purificarme, no quiero que quede en mí ni una gota de nada que se parezca a amor. No quiero enamorarme cuando sé que no sería justo para nadie.

En mi mente varias escenas.

-- Duerme conmigo esta noche – aún la escuchaba.
-- No puedo verte, pero no me olvides, por favor, porque yo pienso en ti – le dije en un arranque de sinceridad
--Yo también pienso y pensaré en ti -- y mientras me lo decía me besaba dulcemente.


Metí mi cuerpo herido en la bañera. Después de todo venía de librar no una, sino sendas batallas. Fui sumergiéndome poco a poco, hasta que mi piel quedó oculta bajo el agua y la espuma. Solamente algunas partes de mi cuerpo quedaban aún por encima del nivel del agua. Fácil adivinar cuales. Recliné la cabeza y comencé a hundirla, sintiendo el agua caliente desinfectando mis heridas. Suavemente limpié mi piel, que brillaba más que nunca, ella había borrado su color gris a besos, aunque también había dejado zonas enrojecidas que ahora me hacían sonreír. La imaginé ahí frente a mí, observando la escena. La imaginé sumergiéndose en el agua, desapareciendo a mi vista, pero no a mi tacto. Buceando en mis profundidades. Cubriéndome como la espuma…Pensé en el sabor de sus besos descarnados, en sus labios… Me imaginé cubriéndola los ojos con un vendaje. Sus manos bailaban por mi cuerpo, sus labios se entreabrían buscando mi lengua y de vez en cuando también algo de oxígeno. Soñé despierto con ella y desee que estuviera pensando en mí.

Dulce tortura.

Esa misma noche volví a salir, buscando desesperadamente el calor de otros cuerpos, siendo infiel a mi mismo, intentando disfrazar la realidad. Cualquier excusa era buena. Ambiente distendido, tranquilo e íntimo. Una velada que no pude rechazar y donde sabía tendría oportunidad de superponer emociones nuevas con otras viejas. Sabía que era objetivo desde que entré por la puerta. Hice que bebía para tener coartada y poder perder las formas, pero no bebí ni una gota. Todo se fue a diversos lugares, pero nunca a mi estómago. Había más cuerpos, ninguno igual a ti, pero apreciablemente agradables. Gratos olores, pieles de colores distintos, ojos dulces y manos aparentemente hábiles. Y sobre todo palabras, palabras que se cambiaban por besos. El maravilloso juego de la seducción en el que caigo una y otra vez para sentirme vivo y ahora para huir de ti.

Me llevó a una habitación y yo me dejé creer ingenuo. Me acorraló contra la pared y se quedó a un milímetro de mi boca, quizás esperando a que yo la besara. No lo hice. Aún así, hubo beso. Su sabor era distinto, pero no sabría explicarlo. Me agarró por la cintura y comenzó a empujarme. Caminé de espaldas hasta que topé con algo. Una cama. Se abalanzó sobre mí y mis manos fueron solas, igual que mi mente, que pensaba en … ti.

Comenzamos a desnudarnos, yo casi por inercia. Me hizo una plegaria.
Resbalé hasta llegar donde me pedía. Ya sabes en lo que pensaba. Cada vez me encontraba más nervioso, con el corazón yendo más deprisa, cada vez más ansioso de correr a tu lado. Cerré los ojos e imaginé que era tu cuerpo, imaginé tu sonrisa, imaginé tus manos accediendo a mis secretos.

--Espera –escuché – para
--¿Qué pasa? -- pregunté
--Dímelo tú. ¿Dónde estás?

Me levanté y volvimos al salón. Me abrazó y volvimos de la mano.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Mis Paraisos Perdidos

Uno, que ya tiene edad de contar batallitas como bien saben los que me conocen, se aficionó al rugby en los años ochenta, fíjaos, en los ochenta cuando contaba con menos de 10 años, cuando los calentadores y las sombras de ojos y los nuevos románticos.

En los ochenta, la televisión pública (la 2, vaya) daba el V Naciones, hoy VI Naciones ad maiorem marcarum gloria. Era los sábados por la tarde, y Ramón Trecet nos hablaba a gritos de las tradiciones de los equipos británicos, del orgullo irlandés, de plasticidad del juego francés a la mano, de las historias sobre la imposibilidad de encontrar smokings de alquiler para los terceros tiempos con los que vestir a los inmensos delanteros galeses. Nos habló del significado del Flower of Scotland, de lo emotivo del Land of our Fathers, de los gritos de la afición galesa en Arms Park marcando el ritmo del empuje de los suyos en cada melé, heave!.

Los que veíamos esos partidos (y algún otro a quien le arruinábamos la siesta con las voces de Trecet, lo siento mamá) nos aficionamos a ese deporte practicado por equipos compuestos por tipos duros y tipos listos al 50%. Muchos policías, algunos abogados y cirujanos, bastantes mineros, no todos en perfecta forma física, todos amateurs. Cuando Trecet daba voces por las tardes las camisetas de los equipos no lucían ni la marca del fabricante ni mucho menos el logo del patrocinador, y eran de colores limpios y preciosos a salvo de la contaminación comercial, con los escudos de cada nación sobre el pecho. Gracias a esas retransmisiones nos enteramos de que los galeses consideran el rugby su deporte nacional, y que hacen frente a países mucho más populosos a fuerza de coraje y orgullo de clase trabajadora. También supimos que los ingleses cuentan con tipos cultivados y aristocráticos entre sus filas, que los irlandeses del Norte y los del Sur juegan juntos porque el deporte y el equipo son anteriores (y posiblemente superiores) a cualquier disputa política; que un capitán de Escocia dijo aquello de ganar a Francia es un placer, ganar a Inglaterra es un deber. También supimos que los franceses basan su potencial en su facilidad para el juego a la mano, gracias a jugadores en su mayoría nativos del Sur del país y algunos de origen español como ese Laurent Rodríguez que cerraba las melés francesas con la contundencia de un cerrojo Fac.

En esos años nos aficionamos a este deporte raro que no tenía tradición en España a pesar del entusiasmo de los que lo practicaban, y no sabemos si lo hicimos por la vehemencia de Trecet, o por las preciosas imágenes de las retransmisiones, o por la emoción de los himnos o los colores de las camisetas. También tuvieron algo que ver los jugadores del momento, los héroes de equipos que representaban a sus pueblos con un compromiso que ya quisiéramos algunos ver en los jugadores de nuestros equipos y nuestra selección. En esa época sacrificábamos con gusto la siesta por ver al gran Serge Blanco ensayando mientras se sacaba un hombro, a Pierre Berbizier dirigiendo el cotarro, a Phillipe Sella flotando entre las líneas rivales. De azul más oscuro y con un cardo en el pecho veíamos a los hermanos Hastings, Scott y sobre todo Gavin, aplaudido por todos sus rivales en su retirada. Y a John Jeffrey, el Tiburón Blanco, reconocible entre los amasijos de piernas y brazos por su pelo rubísimo, como Alberto Malo era reconocible por su melena pelirroja en España. Irlanda pasaba por momentos complicados a pesar del tonelaje de Noel Manion, e Inglaterra paseaba curricula gracias a Christopher Robert Andrew, distinguido jugador de rugby y cricket en la universidad de Cambridge, o al controvertido Johnatan Webb, zaguero del equipo nacional y cirujano de manos blandas y temperamento gélido. La nota de color la daba la madre de los hermanos Anderwood, Rory y Tony, de origen chino y siempre captada por las cámaras en la grada por su expresividad casi tan explosiva como el sprint de sus hijos.

Entre todos destacaba, cree el que suscribe, uno y solo uno. Posiblemente el más feo, el menos fuerte, el más antiestético en las fotos de equipo, el que siempre se sorbía la nariz cuando le enfocaba la cámara. El tipo que fijaba las mangas a las muñecas con esparadrapo para que no se le subieran. El que se fue al rugby a XIII para luego volver, más musculado, a liderar de nuevo al equipo que dejó en la estacada en una traición imperdonable para la grada, que luego perdonó por ser quien era. Jonathan Davies, naturalmente, el más brillante de todos.
Enganchados por el virus del rugby empezamos a jugarlo, y a mirar más allá, hacia el Sur y hacia Argentina. Nick Farr Jones, Michael Lynagh, Hugo Porta, Francois Pienaar, John Kirwan fueron nombres que nos empezaron a sonar, como el de Wayne Shelford, capitán de la selección maorí que hizo una gira por España y que, al firmar un autógrafo a un amigo apretando su pluma estilográfica para que quedara clara la tinta, se la devolvió abierta en dos como un tirachinas. Supimos lo que era la haka y nos quedamos fascinados por esos tipos rubios honrando la memoria de los antepasados maoríes de sus compañeros de equipo.

Llegaron entonces los mundiales, y la profesionalización y los cambios constantes de reglas y las emisiones restringidas del V Naciones, luego VI por la entrada mediática de Italia. Las touches disputadas a cinco metros del suelo, las camisetas apretadas, los tipos ultra-musculados, Jonah Lomu, y el impacto comercial. Algunos pensamos que ya estaba, que las marcas habían llegado al último deporte virgen, al último reducto del espíritu que debería gobernar todas las competiciones. Nos temimos que la mercadotecnia podría hacer desaparecer la tradición, o caricaturizar los ritos, o hacer desaparecer el respeto del ganador hacia el vencido. Nos temimos que el rugby se futbolizara, esto es, nos temimos lo peor.

Pero, mirad por donde, no fue así. La comercialización, la masiva aparición en los medios no ha podido por la esencia de un deporte que sus aficionados guardan como un tesoro. El pasillo de honor que el ganador hace al derrotado al final del partido resume la identidad del rugby y sus jugadores, su esencia y su tradición, la profundidad de lo que está en juego en cada partido. Los anuncios no han conseguido que dejemos de emocionarnos con cada haka, y con las danzas de guerra que en contestación lanzan los jugadores de Fidji, Samoa o Tonga, diminutos países que hacen del rugby su alegría y nuestro asombro. Tampoco han conseguido que nos estremezcamos al escuchar himnos de países a veces odiados, cantados a voz en grito por una multitud consagrada a empujar a la gloria a quince tipos monumentales que cantan con ellos desde el centro del campo, conscientes de que no sólo se juegan sus propios dientes. Tampoco han logrado que, por asombroso que parezca, al escuchar las arengas de los capitanes antes de la primera carga de delantera, sintamos envidia por no pertenecer a un grupo de quince tipos a quien seguramente vayan a romper la cara durante los próximos minutos.
Estos días hay Copa del Mundo de Rugby y esto es una gran noticia tanto para los aficionados a este deporte como para los de cualquier otro, porque los mejores jugadores del planeta se ocuparán durante las próximas semanas de que la esencia del deporte puro brille en medio de la artificialidad del fútbol moderno.

domingo, 26 de agosto de 2007

In Nomine Ipso Recreor

Cuerpo y alma se dieron la mano y saltaron por la borda, no sin dudas ni sin miedos, pero dispuestos a que éstos no les impidieran ser honrados con ellos mismos.No lo hacían el uno por el otro, lo hacían, porque habían llegado a un punto sin retorno.

La carretera se había acabado y ante ellos se abría lo que a todas luces y a toda penumbra era un gran abismo. Era hora de volar, y volaron como sus lágrimas y las que no eran de ellos, porque con su amor dañaron a inocentes, como ellos, que también eran en parte culpables.

Sin embargo, el cuerpo, más atado a lo terrenal, tuvo miedo de su decisión y decidió dejarse arrastrar por la resaca de las olas que lo atrajeron hacia lo profundo lejos de la orilla donde el alma lo esperaba. Se marchó para nunca regresar, mientras el alma le decía adiós con la mano.

El alma cayó, desmayada, sin nadie que pudiera recogerla. Miles de brazos y de voces se abrieron paso en su inconsciencia. Durmió durante días o tal vez semanas... y al despertar oyó una voz nueva al otro lado de la isla. Nadie más aparecía y decidió entablar conversación con esa voz misteriosa. Discutieron durante horas y días. Era una voz preciosa cuyo tono se tornaba desagradable.

--Lo siento -- dijo el alma -- jamás nos pondremos de acuerdo. Mucho me temo que odio a aquellos que te han hecho daño, que creo en la libertad, en la irracionalidad del amor y creo en Dios pero no en el opus.--Yo no lo siento -- repuso la voz -- porque yo entiendo y amo a los que me dañaron, creo que la libertad es una ilusión, que el amor es una reacción química, que Dios no existe. Sin embargo, no pienses en las diferencias y amémonos porque me apetece decirte que te quiero.

El alma se enamoró de la voz, aún sin saber qué o quien era. Paradojas del destino, resultó ser una gaviota, espíritu no corpóreo, otra alma lanzada al abismo.

--¿Con qué tienes un cuerpo? Yo tengo otro, viviendo ahora mismo en mi presente. Pero desde que he llegado a esta isla sólo tú me pareces real.--Ya no tengo ningún cuerpo, me abandono y desde entonces vaga por ahí, perdido como yo. Te advierto que no sé donde voy, pero si voy contigo, no iré a ninguna parte sin ti.

Vayamos pues, ahora que esta historia tiene un fin.

(tal vez todo haya acabado sin saberlo, o tal vez no...)

jueves, 23 de agosto de 2007

Paraisos Perdidos


Echaría de menos un hogar, si alguna vez lo hubiera tenido. Lo único que echo de menos son tus brazos y esta vida a menudo parece inerte, solo la noto en el dolor de tu ausencia en la que muero cada día un poco mas.


No dejo de hacer las maletas, de un lado al otro, como si alguien me estuviera esperando. Sin embargo, tu ya no me esperas. Te lo preguntaría en lugar de afirmarlo, pero es que verás, no encuentro los signos de interrogación.


Este ordenador todo lo sabe, no pregunta, contesta y quizás es el momento para preguntarle todo lo que por las noches martillea. Eso y donde cojones esta la letra esa que es como una n pero con una ola en su cabeza.


Anoche me dormí llorando. De emoción, no de pena. Las emociones me recorren como la sangre o el aire que entra por mis pulmones, recordándome, como tu ausencia, que, a veces muy a mi pesar, estoy vivo.


Me has enseñado a ser feliz y ahora solo tengo que seguir los pasos que me has marcado. El problema es que soy muy propenso a abrir caminos donde no los hay, a huir por caminos alternativos y dificiles y mi mayor miedo es tener que luchar conmigo mismo porque de veras que no me querría como enemigo.


No me doy por vencido a menos que la causa no lo merezca. Pero he descubierto la mejor receta para pasar inadvertido. Desnudate. Y todo el mundo dejara de mirarte para hacer creer que el también es un espíritu desnudo, o simplemente harás que se averguence de todas sus mascaras.


Me estoy purificando, con el agua que recorre mi piel, en cascadas, en torrente, en hilos de agua, o en lluvia invertida. Agua y sexo como mejor medicina. Pasión desmedida que me quema formando vapor con tu saliva. No me detengo, no pienso salvarme. Que me encuentre la muerte donde quiera, pero te aseguro que tendrá que correr para alcanzarme.

martes, 21 de agosto de 2007

Homenajes

De algún modo,
escuchandote,
leyendote entre lineas
o interpretando tus miradas.
Deseaba que aparecieras.

lunes, 20 de agosto de 2007

La Ternura del Alacrán

LOS OJOS ESTÁN MÁS AGRIETADOS QUE LA MÁS SECA DE LAS TIERRAS.
LAS PENAS SE DERRAMAN COMO EL AGUA.
LAS LÁGRIMAS SON CRISTALES AFILADOS DE MIL PUNTAS QUE SE CLAVAN DESDE QUE SALEN DEL LAGRIMAL.
EL CORAZÓN ME PROVOCA LA SENSACIÓN DE TENER UN PUÑO HUNDIDO EN MI GARGANTA.
Y ME CONSUELO PENSANDO QUE TODO ESTÁ AL REVÉS, PERO...¿Y SI ESTÁ AL DERECHO?

Me pregunto qué siento y no sé por dónde empezar. Desde hace un tiempo he recurrido a una fórmula: coraje + paciencia. Es del Marqués de Sade y él la aplicaba al sexo. Yo la aplico a todo. Tanto coraje le echo ultimamente a la vida, que no me paro a pensar demasiado en qué siento, o por qué tengo ganas de explotar de ira o de pena en los momentos más insospechados.

¿Qué siento? Estoy cansado, de incomprensión. Cansado de incertidumbre, de dudas. Cansado de no tener tiempo. Cansado de prisas, de que los días no tengan suficientes horas y aún menos las noches.... Cansado de repartirme y perderme en partes infinitesimales que acaban por no tener nada que ver conmigo. Cansado, estoy cansado de luchar y sólo quiero descansar sobre tu hombro, aunque en realidad no sé si podría dormir contigo a mi lado.

Pase lo que pase, todo saldrá bien, porque como decía Marco Aurelio, lo que sucede...conviene. Y conviene porque hemos de hacer que convenga.Estoy cansado, y la solución de nuevo es: coraje y paciencia. Ya pasará, porque todo pasa y vuelve a pasar.

PORQUE LA VIDA ES CÍCLICA Y LAS RUEDAS GIRAN LENTAMENTE Y LO QUE SE MARCHA PERO VUELVE NUNCA DEJÓ DE PERTENECERNOS.

lunes, 13 de agosto de 2007

Floriego de las Aberraciones

Escucho como personas se quejan de que no son comprendidas, de lo que pudieron tener y no quisieron pero ahora puede que deseen, de lo que soñaron y lo que no cumplieron, de lo que recibieron y no dieron. De lo que quieren................................y ya no tendrán.

Hace ya algún tiempo escribí un post sobre la cobardía, en especial sobre la mía, soy de esos que para hablar de alguna cosa primero prefiero mirarme para luego expresarlo de la mejor manera que pueda. Muchas partes de ese texto vendrían ahora al pelo, y tal vez debería unirle una reflexión no ya sobre la cobardía, sino sobre el egoísmo.

Hace no mucho tiempo el egoísmo era uno de mis pecados favoritos, nunca he sido un ángel, ni lo pretendo pero el raro azar de la vida y los años me han apartado de ese rasgo del carácter. Curiosamente ahora pienso antes en los que quiero que en mí, sacrifico todo lo que puedo poseer por personas que ni de lejos responden a esa actitud. Sufro por los demás y las pesadillas que me asaltan no son mías sino las de aquellos que ocupan mi mente.

Hoy por hoy me planteo que tal vez me gustaría ser;

Menos maduro (sí, aún menos, mucho menos).
Más tonto ( tonto del culo).
Más inocente.
Menos confiado.
Más niño....

Por pedir que no quede.

domingo, 12 de agosto de 2007

Paraisos Pérdidos

Que este fin de semana no he estado en Alcalá empieza a no ser una novedad. En este caso el lugar de huida, digo escapada, escogido ha sido la estación de esquí de la Pinilla.
Para empezar como de bien nacido es ser agradecido, agradecer a Javi y Luisa su hospitalidad, su buen hacer y su comprensión estos dos días.
Dos días adornados por vacas en la carretera....un repaso de licores peligroso (ginga, ouzo, y o se que más). Por fin se han dignado a probar el Matusalem, por recomendación mia, y apenas queda un cuarto de botella.
Me han barrido sistemáticamente al Guillotine, apenas se construir un palacio, y desde luego no se contar chistes, ni buenos ni malos.
Dormir en camas separadas tiene esa extraña finalidad, dormir, porque para el resto siempre se puede sacar un momento y encontrar curiosos lugares.
Correr en pelotas por un bosque de pinos es una experiencia inolvidable, pero insisto que no es el camino adecuado para encontrarse a uno mismo............y una servilleta de papel no ayuda para nada durante ese momento.
Riaza es un pueblo con encanto pero de tapas escasas. Todavía tengo pillado el punto para cocinar pensando en grupos.
Creo que ha sacudido un terremoto Madrid, que el Madrid ha perdido en la ida de la supercopa, que sigue haciendo calor...........y mañana tengo que trabajar, así que

Agur, que lo pasen bien.